
En los últimos años, el extraordinario progreso de la Biología Molecular ha permitido demostrar que el cáncer surge de la acumulación de mutaciones en nuestro genoma, una gigantesca molécula helicoidal construida por más de 3.000 millones de unidades químicas llamadas nucleótidos. Estas mutaciones transforman las células y las convierten en entidades egoístas, inmortales y viajeras que se dividen continuamente y dejan de contribuir al correcto funcionamiento del organismo.