...Se producen nuevas neuronas en tu cerebro? Por Dra. Isabel Fariñas

Isabel Fariñas
Isabel Fariñas

Durante décadas, la neurobiología consideró que nacíamos con el contingente de neuronas con el que íbamos a vivir y que, lejos de añadir nuevas neuronas, nuestros cerebros las perdían lentamente con el paso de los años, una pérdida que se aceleraba en el caso de sufrir un trastorno neurodegenerativo como el Parkinson o el Alzheimer.

Nuestro cerebro neonato conseguía adaptarse al mundo exterior, en el cual tendría que funcionar y triunfar, mediante lo que se denomina plasticidad sináptica, consistente en remodelaciones de las arborizaciones de las neuronas y de las sinapsis y en sutiles cambios moleculares que refuerzan el funcionamiento de los circuitos más exitosos. Como diría en 1898 Santiago Ramón y Cajal, 'el aprendizaje hace que las células nerviosas existentes emitan o hagan crecer nuevas prolongaciones para reforzar sus conexiones… Preciso es reconocer que, en los centros adultos, las vías nerviosas son algo fijo, acabado, inmutable. Todo puede morir, nada renacer'.

En los años 80 del siglo pasado aprendimos que en los cerebros adultos de peces, reptiles y aves sí se producían nuevas neuronas. Uno de los ejemplos más bellos de lo que dio en llamarse neurogénesis postnatal es el caso de los circuitos neurales que controlan el canto que los machos de aves canoras emplean para cortejar a sus hembras. Miles de neuronas mueren en los núcleos del canto cada primavera y son sustituidas por neuronas recién generadas que permiten formar un nuevo circuito para la ejecución de una melodía diferente, una suerte de canción del verano en el cortejo de canarios y pinzones. Pocos años más tarde se demostró que en los cerebros de los roedores adultos también se producían neuronas, gracias al empleo de metodologías que permiten determinar su 'nacimiento'. Cuando una célula va a dividirse necesariamente debe copiar antes su ADN para distribuir copias idénticas entre sus dos células hijas. Si, en el momento de la replicación del ADN, se administra algún tipo de molécula trazable que quede incorporada a las nuevas cadenas de ADN, pueden suceder dos cosas. Las células que, tras dividirse esa vez, vuelven a hacerlo repetidas veces, diluyen el marcador con cada sucesivo ciclo de división. Por el contrario, aquellas células que tras heredar el marcador se transforman en neuronas, y por tanto no se vuelven a dividir jamás, lo retienen. Este tipo de metodologías demostró que se producían nuevas neuronas en dos zonas del cerebro de los roedores, el bulbo olfatorio, que procesa la información probablemente más relevante para una rata o un ratón, y el llamado giro dentado del hipocampo, una estructura implicada en aprendizaje y memoria.
Para demostrarlo también en humanos, hubo que recurrir al ingenio. A finales de los 90, investigadores del Instituto Salk solicitaron a sus colegas oncólogos muestras de cerebro de pacientes que, años antes de fallecer, hubieran sido sometidos a la administración de uno de esos trazadores que se incorpora al ADN. Su uso antes de realizar una biopsia había permitido a los oncólogos determinar cuántas células se estaban dividiendo, como medida de la agresividad del tumor. Los neurobiólogos encontraron neuronas marcadas en el giro dentado autópsico, es decir neuronas generadas cuando el paciente estaba siendo biopsiado años antes. Quizás aprender ya no dependía sólo de refinar nuestras conexiones.

Más recientemente, investigadores del Instituto Karolinska han utilizado un ingenioso método alternativo. La vida se fundamenta en el carbono, elemento que forma parte de todas nuestras moléculas incluyendo el ADN. La mayor parte del carbono en la bioesfera está en forma de carbono 12, un isótopo estable de este elemento, pero una parte se encuentra como isótopo 14 (14C), radiactivo pero de muy lenta descomposición. Sin embargo, las pruebas nucleares llevadas a cabo durante la guerra fría hasta la firma, en 1963, del 'Tratado de prohibición de ensayos nucleares' elevaron significativamente los niveles de 14C en la atmósfera. A partir del cese de los ensayos, el nivel del isótopo radiactivo en la atmósfera ha ido disminuyendo paulatinamente. Los investigadores suecos aislaron neuronas a partir de autopsias cerebrales y determinaron su año de nacimiento como aquel en el que el nivel de 14C atmosférico se correspondía con el medido en su ADN. Estos estudios nos han enseñado que los humanos producimos neuronas olfativas sólo durante la infancia, pero que a lo largo de toda la vida producimos neuronas que se integran en otro núcleo, el núcleo estriado. Un núcleo implicado en el control del movimiento y que se ve afectado tanto en la enfermedad de Parkinson como en la de Huntington.

La ciencia moderna ha demostrado que Cajal nunca se equivocó en sus especulaciones. Tras el párrafo mencionado anteriormente, Cajal añadió: 'será tarea de la ciencia del futuro refutar, si es posible, este duro decreto'. Cien años antes dejaba la puerta abierta a la realidad de la neurogénesis postnatal que hoy conocemos.

Por Dra. Isabel Fariñas

 

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