Fecha: 22-06-2018

El Centro Botín exhibe obras maestras de artistas del siglo XX

'Retratos: Esencia y Expresión' da nombre al conjunto formado por ocho obras maestras del siglo XX, que se expondrán de forma permanente en una nueva sala del Centro Botín a partir del 23 de junio.

Vista de sala de la exposición Retratos: esencia y expresión, en el Centro Botín
Vista de sala de la exposición Retratos: esencia y expresión, en el Centro Botín

El Centro Botín de Santander expondrá de forma permanente una selección de ocho obras maestras del siglo XX procedentes de la colección de arte de Jaime Botín, patrono de la Fundación Botín. Artistas de reconocido prestigio y alto nivel plástico como Henri Matisse, Francis Bacon, Juan Gris, Joaquín Sorolla, Daniel Vázquez Díaz, Isidre Nonell, José Gutiérrez Solana o Francisco Gutiérrez Cossío se exhibirán, a partir del 23 de junio y bajo el título Retratos: Esencia y Expresión, en una nueva sala de la primera planta del Centro Botín.

Cronológicamente, esta selección de obras refleja casi en su totalidad el arte del siglo XX, iniciándose con Figura de medio cuerpo, creada por Nonell en 1907, y cerrándose con Self Portrait with Injured Eye, pintada por Francis Bacon en 1972. Además, asociada a esta cesión, que tiene una duración inicial de cinco años renovables, Jaime Botín también donará un millón de euros anuales para cubrir los gastos de mantenimiento y conservación de las obras, así como para contribuir al programa artístico y a la misión social del Centro Botín.

Las ocho obras cedidas son: Femme espagnole (1917) de Henri Matisse; Self Portrait with Injured Eye (1972) de Francis Bacon; Arlequín (1918) de Juan Gris; Al baño (1908) de Joaquín Sorolla; Mujer de rojo (1931) de Daniel Vázquez Díaz; Figura de medio cuerpo (1907) de Isidre Nonell; El constructor de caretas (1944) de José Gutiérrez Solana y Retrato de mi madre (1942) de Francisco Gutiérrez Cossío.

La mayoría de estos artistas se formaron en los años finales del siglo XIX y principios del XX, un periodo complejo por las diferentes corrientes que surgen y los movimientos estéticos que se solapan. Así, podemos apreciar el modernismo con Nonell; el fauvismo con Matisse; el cubismo con Juan Gris; la figuración lírica de Cossío; el realismo con Solana; el neocubismo con Vázquez Díaz; el iluminismo postimpresionista con Sorolla o la nueva figuración de fuerte carácter expresionista con Bacon.

Para María José Salazar, miembro de la Comisión Asesora de Artes Plásticas de la Fundación Botín y experta en arte del siglo XX, el conjunto de obras cedidas presenta tres rasgos comunes: máxima expresión a través del color y la luz, utilización de la figura como hilo conductor y focalización en el retrato, que constituye la esencia de esta selección. Es este sentido, Salazar subraya la importancia del retrato como tema preferido por el coleccionista, al considerar que en su ejecución es donde se aprecia mejor la capacidad del artista para mostrarnos al personaje y su estado de ánimo, además de su aspecto físico.

Obras maestras del siglo XX

Atendiendo a cada uno de los artistas que componen esta colección, abordaremos primero el trabajo de aquellos internacio- nales, como Henri Matisse y su retrato Femme espagnole. Considerado el máximo representante del fauvismo, Henri Matisse (Le Cateau-Cambrésis, 1869-Niza, 1954) destacó a lo largo de su vida por su pintura, escultura, arte gráfico y collage, pasando a la historia como una de las grandes figuras del arte del siglo XX.

Su obra se caracteriza por su simplicidad, su fuerza y su gran expresividad. En su trayectoria, el color se convierte en una herramienta para lograr la expresión de emociones profundas.

Femme espagnole refleja su recuerdo de un viaje a España en 1911 para visitar el Museo del Prado y conocer Andalucía, y del que regresó con una maleta cargada de brocados y mantillas, así como una potente luz en su paleta, que se traduce en colores limpios y abiertos que no mezcla con claroscuros.

Además, en este retrato de trasfondo español elimina todo detalle de fondo. El artista refleja un rostro carente de expresión, quizás para poner en valor la figura de la modelo, cuya imagen surge en otros trabajos.

La temática española, centrada en la mujer colorista y ataviada con mantilla, es recogida por Matisse y gran parte de los fauves, todos ellos fascinados por un cierto exotismo y por la amplia gama tonal que el tema les ofrece. Esta imagen es un reflejo de la Carmen que da título a la ópera dramática, con música de Georges Bizet y basada en el texto de Prosper Mérimée, estrenada en la Opéra Comique de París en 1875.

Otro de los grandes pintores internacionales que incluye esta selección es Francis Bacon (Dublín, 1909-Madrid, 1992), creador de potentes y expresivos retratos. Bacon, reconocido internacionalmente como uno de los grandes pintores del siglo XX, destacó por su visión del mundo perturbadora y absolutamente individual, en la que combinaba sensualidad y brutalidad.

Creador autodidacta, Bacon fue un hombre culto que solo reconoció la influencia de Picasso. No obstante, creó un estilo propio, basado en la figura humana, que deforma, altera y mutila hasta límites no utilizados antes, pero en sus pinturas deforma a las personas con la intención de hacerlas más reales.

En 1964 conoce al que sería su principal modelo, George Dyer, un atractivo delincuente y amante de los excesos. Los retratos que Francis Bacon hace de su joven amante son, para muchos, lo mejor de su producción.

Su Self Portrait with Injured Eye, de 1972, parece querer expresar esa personalidad autodestructiva tan característica del artista al trazar una imagen inquietante y violenta, con formas geométricas que descomponen el rostro y que producen un efecto muy dinámico.

Según explica María José Salazar, a Bacon le gustaba reflejar su imagen en la búsqueda de su propia identidad, contrapuesta en muchos sentidos a lo que revela un simple espejo. Este autorretrato, distorsionado por el dolor, está pintado unos meses después del suicidio de Dyer, por lo que esta obra expresa su soledad y dolor, y su desgarro ante la pérdida.

A la cabeza de los creadores españoles que forman parte de esta selección de obras podemos situar a Juan Gris (Madrid, 1887- Francia, 1927). Es quizás el artista más mediático de todos, siendo una figura clave en la gestación y evolución del movimiento cubista. Juan Gris ya demostró sus dotes en el género con los retratos de Picasso o de su compañera, Josette. En 1918, en un momento de plena madurez, pero también de cambio estilístico, el artista aborda la figura de un Arlequín que sintetiza las formas con mínimos elementos.

Del arlequín también se sirve para resaltar el color, que empasta siempre en diálogo con el azul, por lo que sus imágenes resultan 'brillantes y poéticas', o como expresa Kahnweiler, convierte sus pinturas en 'arquitectura plana y coloreada'.

Muy diferente es el caso de Francisco Gutiérrez Cossío (Cuba, 1894-Alicante, 1970) quien acostumbraba a decir que solo era capaz de hacer un retrato cuando conocía en profundidad al modelo; quizás por ello Retrato de mi madre se considere entre lo mejor de su producción.

Aunque nació en Cuba, Cossío pasó gran parte de su vida en Santander, de donde era oriunda su familia. Se acercó al ultraísmo a través de sus buenas relaciones con poetas y escritores de la época. En su producción artística armoniza color, materia y forma; claves indudables de su personalidad pictórica.

En Retrato de mi madre capta el espíritu sereno y amable del personaje en una imagen que, pese a la fuerte construcción de planos, deshace los contornos, primando la curva. Asimismo, se sirve de veladas atmósferas y cubre la superficie del lienzo con un moteado blanco, muy característico de su trabajo. Retrato de mi madre está fechado en 1942, momento en el que Francisco Gutiérrez Cossío retorna a la pintura, en plena madurez.

'Cossío es, sin duda, uno de los más importantes artistas que han surgido en nuestro país, aunque su trabajo haya quedado un tanto oscurecido', subraya Salazar.

Por su parte, Isidre Nonell (Barcelona, 1873-1911) pinta en 1907 su Figura de medio cuerpo cuando se produce un drástico cambio en su temática al abandonar la figura de la gitana como personaje principal para retratar a mujeres de tez blanca, más tranquilas, reposadas y melancólicas. Asimismo, se decanta por el color como único elemento para modelar la figura, superpone blancos y azules que contrastan con las negras cabelleras de sus modelos, y utiliza con sabia destreza texturas muy sensuales que personalizan el trabajo.

Respecto a Gutiérrez Solana (Madrid, 1886-1945), es importante en esta selección no solo por la cercanía de su obra con el coleccionista, sino también porque éste considera que el trabajo del artista en el género del retrato es lo mejor de su producción en particular y del contexto artístico del momento en general.

 

 

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