Aprendizaje emocional y social: las voces del profesorado de Portugal

¿Fomentan los centros educativos portugueses el aprendizaje emocional y social por parte de sus alumnos? En la actualidad, existe el convencimiento de que además de la familia, los centros escolares y la sociedad deben contribuir directamente a fomentar que los niños y adolescentes desarrollen determinados aspectos emocionales y sociales.

De hecho, se espera que los Plataforma para la Innovación en Educación, Fundación Botíncentros educativos adopten un papel más holístico en lo que respecta al desarrollo y formación de sus alumnos, de manera que no se centren exclusivamente en el rendimiento cognitivo de éstos, sino también en su desarrollo emocional y social: los centros conseguirán cumplir mejor su misión educativa si incorporan el aprendizaje de tales habilidades a las experiencias didácticas del alumnado, optimizando así su potencial para triunfar en su vida personal y profesional, tanto en el presente como en el futuro (Elias et al., 1997; Fernández-Berrocal y Ruiz, 2008; Zins, Weissberg, Wang, y Walberg, 2001).

A través de un estudio exploratorio de carácter cualitativo se analizaron 12 discursos de miembros del profesorado de Portugal (con el programa de análisis cualitativo NVivo 8.0) – principalmente mujeres (75%), de edades comprendidas entre los 32 y los 57 años de edad (edad media: 44,3 años). De estos, el 50% imparte o ha impartido clases de desarrollo personal y social. Para ello se utilizó un cuestionario de preguntas abiertas creado específicamente para este estudio y concebido para sondear la opinión de dichos profesores sobre la importancia de estas materias, las estrategias utilizadas para su promoción y el papel de los centros educativos a la hora de fomentar habilidades emocionales y sociales en la etapa de educación secundaria.

En general, todos los participantes coincidieron en que los centros educativos tienen el cometido de promover el desarrollo emocional y social de sus alumnos, además de fomentar sus habilidades cognitivas, ya que el desarrollo integrado y holístico permite a los alumnos triunfar en distintos aspectos. Además, consideraban que una de las prioridades de todo centro escolar debería ser la siguiente: contribuir a inculcar un sentido de "civismo y al desarrollo de valores, tales como la solidaridad"; prevenir "situaciones de riesgo y reforzar los factores de protección social", y desarrollar "condiciones socioeconómicas que favorezcan la consolidación del éxito académico de los alumnos".  

Los participantes confirmaron la estrecha correlación existente entre habilidades emocionales y sociales, rendimiento académico y formación continua (Zins, Weissberg, Wang y Walberg, 2004).  De hecho, según palabras textuales de los profesores, dichas habilidades ayudan a los alumnos a enfrentarse a las adversidades, propiciando un mayor nivel de "responsabilidad", "autonomía", "seguridad en uno mismo" y "motivación", al mismo tiempo que pueden despertar en ellos la aspiración a conseguir objetivos orientados al dominio de competencias y una sed de desarrollo constante. En lo que respecta particularmente a los alumnos de secundaria, el aprendizaje emocional y social puede ayudarles a manejar y controlar su vida cotidiana a la hora de luchar por mejorar sus calificaciones o en momentos de estrés académico o ansiedad en época de exámenes.

Los centros educativos, como marco privilegiado para el aprendizaje social, brindan a los alumnos la oportunidad de desarrollar diferentes habilidades, incluidas las de índole emocional y social. En cuanto a los participantes en el estudio, pusieron de relieve distintas estrategias para impartir dicho aprendizaje, especialmente de carácter extracurricular. De hecho, se nombraron estrategias curriculares, tales como las actividades de enriquecimiento curricular, las actitudes para prevenir faltas de disciplina o el papel facilitador del profesor-tutor del aula. Sin embargo, los profesores participantes en el estudio consideraban que las actividades desarrolladas como complemento a los proyectos educativos y de la mano de éstos, tales como eventos culturales o deportivos, actividades de voluntariado, actos de solidaridad o conmemorativos o incluso la pertenencia a clubes de distinta índole, constituían las principales estrategias que utilizaban los alumnos para desarrollar sus habilidades emocionales y sociales.

No obstante, al igual que ocurre en otros países, debido a distintas dificultades en lo que respecta a su implantación y puesta en funcionamiento (Adelman y Taylor, 2000), en Portugal queda aún mucho camino por recorrer para que el aprendizaje emocional y social se convierta en una realidad en los centros educativos actuales. Aún así, la opinión de los profesores fue unánime al afirmar que para que los centros escolares fueran eficaces, debían centrar sus esfuerzos en coordinar e integrar los diferentes aspectos del desarrollo del alumnado, incluido el socioemocional, de manera que se optimizara el potencial de los alumnos de triunfar tanto en el ámbito académico, como en su vida personal.

Ana Costa y Luísa Faria. Faculdade de Psicologia e de Ciências da Educação Universidade do Porto - Portugal.

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