Artistas y educadores: Sobre territorios, fronteras y los aspectos no conscientes de las relaciones

Ana Angelica Albano nos presenta un artículo sobre la relación entre las profesiones artísticas y docentes

En el colegio, vivimos en las fronteras entre diversas disciplinas de conocimiento. Lo que propongo aquí es la posibilidad de facilitar una reunión, una reunión que sólo puede tener lugar cuando los participantes en ella, conscientes de los puntos específicos de cada disciplina, desean mirarse los unos a los otros y comprender sus diferencias, iniciando un diálogo. Gracias a mi experiencia, tanto como maestra de educación básica con niños y adolescentes, como en calidad de profesora universitaria supervisora de profesores en prácticas, me he dado cuenta de que los profesores de arte que conocen las fronteras de sus propias disciplinas y son capaces de marcar sus territorios, tienen más facilidad para abrir sus mentes al universo de sus vecinos y para abrirse a la posibilidad de establecer un diálogo con los demás (ya sean el orientador, el educador, los padres de los alumnos...) y, así, mejorar el entorno educativo global.

Soy consciente de que la mayoría de los profesores de arte consideran que es complicado entender el papel del educador en sus disciplinas, y viceversa. Nos podríamos preguntar si la cuestión se resolvería en caso de que la formación de los artistas y de los maestros guardara una mayor coherencia. ¿O sería mejor invertir en formación interdisciplinaria? Yo creo que éstas son cuestiones que merecen un análisis exhaustivo. Sin embargo, no sólo se trata de llevar a cabo una mayor inversión en la formación teórica. Merece la pena reflexionar sobre los aspectos inconscientes implicados en la dinámica de la relación entre los distintos profesionales.

Según Guggenbühl (1978), la mayoría de las relaciones humanas se basa en diversas constelaciones arquetípicas: "A menudo, en una relación entre dos personas, se da el predominio de un arquetipo específico, junto con la influencia secundaria y más sutil de algunos otros. Estas constelaciones arquetípicas influyen en el comportamiento de los demás de un modo muy decisivo. Sus imágenes, fantasías, sentimientos, sueños, etc., estarán, en parte, acuñados y formados por las mismas" (Guggenbühl, 1978).

Artistas y educadores, trabajando codo con codo, se identifican a sí mismos con (o se proyectan sobre los demás como) los arquetipos complementarios del senex y el puer. El educador que está demasiado vinculado a las normas y a los procedimientos es identificado como el senex (el viejo), en conflicto constante con el niño eterno (puer) que se proyecta sobre el artista. Si los educadores no entienden a los artistas, nos podríamos preguntar si a estos últimos les preocupa el hecho de que les comprendan. Los artistas suelen ser demasiado rebeldes; en otras ocasiones, pueden ser demasiado sumisos ante los programas oficiales y apenas entender el campo de conocimiento en el que trabajan. Oscilan entre la actitud irreverente del puer y la actitud normativa del senex, verificándose raramente un equilibrio entre ambos. A veces también pueden asumir el papel de marginados, proponiendo actividades tan distantes de la rutina escolar normalizada que son considerados como ajenos al plan de estudios ordinario. Otras, desempeñan el papel de esclavos de las demandas normativas del programa oficial y se limitan a reproducir actividades sin ningún tipo de significado, convirtiendo las clases en ejercicios racionalistas carentes de una relación clara con las artes. En ambos casos, parecen tener problemas para entender los rasgos específicos de su propia disciplina, pasando por alto, obviamente, aspectos inconscientes que influyen sobre su comportamiento.

Los educadores, por otro lado, suelen estar demasiado preocupados por lo que ellos consideran que son las asignaturas "serias" del plan de estudios ordinario. Además de carecer de formación en el ámbito del arte o de tener pocos conocimientos sobre la materia, consideran que las clases de arte son la "guinda del pastel" (nada más que un simple adorno). Una metáfora más adecuada podría ser "la levadura que hace subir la masa". Herbert Read ya había propuesto algo así:

 "…la educación a través del arte no prepara a los seres humanos para los actos irracionales de la industria moderna, no los conduce hacia un ocio carente de propósitos constructivos ni los ayuda a satisfacerse con entretenimientos pasivos. Su intención es crear movimiento y evolución por doquier, sustituir la conformidad y la imitación internas de cada ciudadano por un poder de imaginación sin elementos ajenas, que le pertenezca por completo" (Read, 1968, p. 33).

Retomo ahora la propuesta de Guggenbühl de reflexionar sobre la dinámica arquetípica de las relaciones:

Los arquetipos son bipolares. Inicialmente, en una persona sólo hay un polo activado, aunque se pueden activar ambos polos si esta evoluciona de manera satisfactoria. Por ejemplo, supongamos que existe un arquetipo de la clase madre/hija. Se trataría del comportamiento innato entre madre e hija. Cuando la niña ve a su madre, el polo de la "hija" se activa en la niña y el polo de la "madre" se activa en la madre. Al cabo de los años, sin embargo, la hija empieza a tener un sentimiento cada vez más maternal hacia su madre. Si no es así, la hija seguirá siendo siempre hija, y su madre, aún en la vejez, considerará necesario proporcionar cuidados maternos a su hija (Guggenbühl, 1978).

Para que la relación entre artistas y educadores en la escuela no se cristalice en estereotipos, tales como "los artistas están locos" y "los educadores siempre están controlando", es necesario que los arquetipos se distribuyan entre ambas partes. Tanto los artistas como los educadores tienen que abandonar su actitud unilateral y comenzar a activar en su interior el complemento arquetípico.  Los artistas tienen que constelar el lado positivo del arquetipo del senex, que implica asimilar y proponer normas a los niños y, a continuación, organizar el caos inicial, que a menudo tiene lugar al inicio del proceso creativo, con el fin de promover un ambiente de trabajo fructífero en el aula.

Los educadores, por otro lado, tienen que identificar las fuerzas creativas del puer que llevan en su interior, no sólo para entender el trabajo artístico de los niños, sino también para constelar a los artistas que llevan en sí mismos, siendo creativos en el propio trabajo que realizan con sus alumnos.

Para que podamos negociar las fronteras entre especialidades vecinas, es necesario que las reconozcamos y, a continuación, las atravesemos en primer lugar en nuestro propio interior.

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