Cultivar la vida interior, emocional y social de niños y profesores

Por Linda Lantieri y Madhavi Nambiar.

Este artículo destaca la importancia de la investigación en Aprendizaje Emocional y Social (AES) y demuestra cómo ayudan los profesores a los estudiantes a adquirir las habilidades que les permitirán lidiar con el estrés, controlar las emociones, conseguir un mayor bienestar y desarrollar la resiliencia interior.

Los adultos suelen verse acuciados por la presión del frenético mundo actual y echan la vista atrás, añorando una época en la que llevaban una vida mucho  menos ajetreada. Un tercio de los participantes en un estudio indicaron estar viviendo bajo «estrés extremo», mientras que casi la mitad sentía que su nivel de estrés había aumentado a lo largo de los últimos cinco años (American Psychological Association, 2007). Los niños no son inmunes a esta epidemia de alta presión.

Con estrés y sin herramientas para hacerle frente

En EE.UU., una encuesta infantil de ámbito nacional entrevistó a 875 niños de entre nueve y trece años de edad, preguntándoles por sus causas de estrés y qué estrategias utilizaban para afrontarlo. Las principales fuentes de estrés provenían de asuntos relacionados con el ámbito escolar (36%), como las notas, las clases y los deberes; con la familia (32%); y con otros compañeros, incluyendo amigos, rumores y burlas (21%). Las tres estrategias más usadas para combatirlo eran jugar o realizar alguna actividad (52%), escuchar música (44%) y ver televisión o jugar a videojuegos (42%). Entre las diez estrategias más usadas, ninguna implicaba conseguir calmarse gracias a la autorreflexión (Lyness, 2005).

Los adultos deben esforzarse por paliar un excesivo estrés infantil, aunque también es necesario ayudar a los niños a desarrollar habilidades efectivas para combatirlo. Por suerte, eso mismo es lo que están haciendo profesores de todo el mundo: enseñar a los alumnos cómo controlar sus emociones centrándose en sí mismos, para manejar mejor el estrés al que se vean sometidos.

Hace algunos meses pude presenciar este fenómeno personalmente en una clase de primer curso de una escuela pública de East Harlem, en Nueva York. En esta clase en particular había muchos estudiantes de Educación Especial bastante hiperactivos. Su profesor, Tom Roepke, estaba preparándolos para que escucharan un CD específico, una actividad a la que estaban ya muy acostumbrados. Los estudiantes se tranquilizaron y permanecieron en silencio mientras del CD empezaba a emanar una voz masculina que les pedía que escucharan algunos sonidos. La voz les recordaba que no debían pronunciar en voz alta el sonido que escucharan, sino solo pensar para sí mismos qué sonido creían que era. Conforme escuchaban las instrucciones, sus reacciones se hacían patentes con todo el cuerpo; por ejemplo, al escuchar el sonido de un pájaro, movían los brazos para simular sus alas. Consiguieron estar en silencio y permanecer en calma y concentrados durante seis minutos. La voz del CD era la de Daniel Goleman, autor de Emotional Intelligence (1995). El texto reproducido estaba extraído de la obra Building Emotional Intelligence: Techniques to Cultivate Inner Strength in Children (Lantieri, 2008).

Tom es uno de los numerosos profesores que participan en el Inner Resilience Program (IRP, Programa de Resiliencia Interior), un proyecto de una organización no gubernamental fundado poco después de los trágicos eventos del 11 de septiembre de 2001. El IRP se ha dedicado a formar a profesores que, a su vez, están enseñando a miles de alumnos a desarrollar «prácticas educativas contemplativas». Estas actividades ayudan a reforzar las vías neuronales de los niños, capacitándolos para prestar atención y controlar su impulsividad.

Beneficios del Aprendizaje Emocional y Social

Cada vez más investigaciones Cultivating the Social, Emotional, and Inner Lives of Children and Teachersugieren que fomentar el desarrollo infantil de unas buenas habilidades emocionales y sociales en una etapa temprana es decisivo para mejorar su bienestar y salud a largo plazo. En su revolucionaria obra, Working with Emotional Intelligence, Daniel Goleman considera que el CE o Cociente Emocional —inteligencia emocional— tiene la misma importancia que el CI para el desarrollo saludable del niño y el hecho de que triunfe en la vida en un futuro. «A pesar de la importancia que los centros escolares y las pruebas de admisión ponen en el CI, por sí solo, difícilmente puede dar cuenta del éxito o del fracaso en la vida» (Goleman, 1998, p. 19). La estimación más optimista sobre la influencia del CI en el modo en que las personas se desenvolverán en sus vidas profesionales está en torno al 25% (Hunter & Schmidt, 1984), aunque quizá sea menor, sobre el 4-10% (Sternberg, 1996).

Goleman estableció la importancia de la inteligencia emocional como requisito básico para conseguir un uso efectivo del propio CI, es decir, del conocimiento y las habilidades cognitivas personales. Relacionó más explícitamente nuestros sentimientos y nuestra forma de pensar, indicando cómo las áreas emocional y ejecutiva del cerebro están interconectadas. El cerebro infantil experimenta un crecimiento importante que no finaliza hasta bien entrados los 20 años. El modo en que se esculpen los circuitos cerebrales durante este periodo de crecimiento (denominado neuroplasticidad) depende en gran medida de las experiencias cotidianas del niño. Las influencias del entorno contribuyen enormemente a conformar los circuitos neuronales emocionales y sociales de los niños. Por ejemplo, los niños que aprenden a calmarse cuando están alterados desarrollarán una fuerza mayor en los circuitos neuronales que controlan la angustia (Goleman, 2008).

Muchas de las habilidades definidas como esenciales para el éxito laboral en la actualidad (por ejemplo, al trabajo en equipo, relacionarse con diferentes colegas y clientes, analizar e idear soluciones a problemas y ser persistente ante cualquier revés) son competencias emocionales y sociales. Por ello, no sólo se espera de las escuelas que fomenten el rendimiento académico, sino también que mejoren la salud, eviten comportamientos problemáticos y preparen mejor a los jóvenes para acceder al mundo laboral y al compromiso social.

El Aprendizaje Emocional y Social suele calificarse como la «pieza perdida» en los intentos de mejora escolar. El AES se basa en investigaciones académicas que demuestran que todos los niños pueden tener una experiencia escolar que les ayude no sólo a ser académicamente competentes, sino a convertirse en personas comprometidas con el aprendizaje durante toda la vida, comprensivas y conectadas con los demás, que contribuyan activamente a un mundo más justo, pacífico, productivo y sostenible.

El AES es el proceso mediante el cual los niños, e incluso los adultos, desarrollan habilidades fundamentales para enfrentarse con éxito a la etapa escolar y a la vida en general. El AES enseña las habilidades personales e interpersonales que todos necesitamos para lidiar con nosotros mismos, con nuestras relaciones y nuestro trabajo de forma ética y efectiva. Se comienza trabajando en el desarrollo infantil, la gestión del aula, la prevención de comportamientos problemáticos y en nuevos conocimientos sobre la función cerebral en el crecimiento social y cognitivo. La organización Collaborative for Academic, Social, and Emotional Learning (CASEL, Colaboración para el Aprendizaje Académico, Social y Emocional) ha identificado cinco grupos interrelacionados de competencias cognitivas, afectivas y conductuales: autoconcienciación, autogestión, concienciación social, habilidades relacionales y adopción responsable de decisiones. La capacidad de coordinar estas competencias al confrontar retos y situaciones cotidianas proporciona la base para conseguir una mejor adaptación y rendimiento escolar, como se refleja en un comportamiento social más positivo, menor número de problemas de conducta, menor angustia emocional y mejores resultados en notas y exámenes. Las definiciones de los cinco grupos de competencias para estudiantes son:

-Autoconcienciación: capacidad de reconocer con exactitud los sentimientos y pensamientos personales y su influencia en el comportamiento. Esto incluye la evaluación precisa de los puntos fuertes y limitaciones personales, así como un sentido arraigado de autoeficacia y optimismo.

-Autogestión: capacidad de regular las propias emociones, cogniciones y comportamientos para establecer y lograr metas personales y educativas. Esto incluye retrasar las recompensas, controlar el estrés y los impulsos, automotivarse y ser perseverantes ante los retos.

-Concienciación social: capacidad de ponerse en el lugar de los demás y empatizar con personas de diferentes entornos y culturas, entender normas de comportamiento ético y social, así como reconocer el apoyo y recursos de la familia, la escuela y la comunidad.

-Habilidades relacionales: capacidad de establecer y mantener relaciones saludables y satisfactorias con grupos e individuos diferentes. Esto incluye comunicarse con claridad, escuchar activamente, cooperar, resistir una presión social inapropiada, negociar de forma constructiva ante conflictos y pedir ayuda cuando se necesite.

-Adopción responsable de decisiones: capacidad de tomar decisiones constructivas en relación a la conducta personal, las interacciones sociales y el centro escolar basadas en la consideración de unos estándares éticos, problemas de seguridad, evaluación realista de las consecuencias de las diversas acciones y el bienestar propio y ajeno.

Hay dos enfoques principales en cuanto a la promoción de la competencia emocional y social en el entorno escolar. El primero consiste en el desarrollo de habilidades, algo que requiere una instrucción explícita sobre habilidades emocionales y sociales de una forma secuencial y sistemática a lo largo de todos los cursos. Implantar un programa de AES basado en hechos requiere que los niños tengan la oportunidad de involucrarse activamente en el aprendizaje, disponiendo del tiempo adecuado para la práctica, la reflexión y el refuerzo de competencias emocionales y sociales específicas.

reclaiming children and youth  - www.reclaimingjournal.com - verano 2012 volumen 21, número 2

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