El trabajo emocional a través de los cuentos infantiles

Desde que en 1995 nació Ñ Teatro (grupo al que pertenecemos Fernando Madrazo, la parte tangible del Mago de las Palabras y yo, su 'ayudante') nos apeteció trabajar para los más pequeños. Nos pareció una excusa perfecta para seguir leyendo cuentos siendo ya tan 'talluditos'.

Pronto intuimos que trabajar con cuentos era algo especial, esos libros estaban más vivos de lo que en un principio creíamos y no eran tan sólo historias ilustradas.

Al principio nuestras sesiones de cuentacuentos incluían tres o cuatro historias breves distintas. Utilizábamos en ellas cuentos clásicos, cuentos actuales e incluso cuentos propios. Y de esa manera podíamos hacer una selección distinta en cada actuación dependiendo del tema a tratar, la edad del público, la época del año… las posibilidades eran casi infinitas y nos permitía afinar en cada una de las sesiones haciendo que estas fueran mucho más dinámicas, frescas y directas.

El Mago de las Palabras, Plataforma para la innovación en educación, Fundación Botín

La premisa de trabajo que nos habíamos propuesto era elegir los cuentos que nos gustaran, aquellos que al leerlos o escribirlos te dieran un pellizco en el corazón o en la cabeza… cuentos que nos emocionaran, nos divirtieran o nos removieran por dentro. En definitiva, queríamos una relación visceral con nuestra selección de álbumes. Pero ahora, con los años, sé que estábamos equivocados… ¡Qué ingenuos fuimos! Eran los cuentos los que nos estaban eligiendo a nosotros… Poco a poco…

Como provenimos del mundo teatral nuestras sesiones, lejos del taburete, eran representaciones de cuentos dramatizados, dábamos vida a ciertos personajes y a otros nos los imaginábamos, podíamos viajar de un lado a otro del mundo con apenas una silla, una maleta y un poco de vestuario, estábamos diseñando nuestro propio estilo, nuestro modus operandi.

Pronto apareció en nuestras funciones nuestro lado más gamberro y empezamos a improvisar, tuvimos esa necesidad y la explotamos… Aparecían objetos que no estaban previstos, viajábamos a lugares insospechados e incluso nos visitaban personajes que no esperábamos, los protagonistas a veces saltaban de un cuento a otro sin previo aviso. El hecho de que 'el lobo' apareciera en muchas historias levanto la liebre. Y fue ahí cuando nos dimos cuenta de la fuerza de la versión. Descolocar lo establecido nos ayudó a avanzar. En el fondo era el mismo cuento pero con algún un matiz distinto, y esto le otorgaba una nueva dimensión a la historia. Debo decir, para ser justo, que no siempre se llegaba a buen puerto pero el viaje merecía la pena. Muchas veces el error era el primer ladrillo que cimentaba el siguiente acierto.

Por aquel entonces, también empezamos a dar pequeños cursos y en ellos vimos la fuerza del cuento como herramienta. Mostrábamos en estos encuentros nuestra forma de trabajar y descubrimos que los alumnos más jóvenes, y los que no lo eran tanto, se mostraban mucho más creativos cuando tenían un punto de apoyo. Su imaginación se disparaba al versionar un cuento o a cualquier personaje ya existente. Teníamos la sensación que el espíritu Arquímedes nos visitaba en cada taller y su famoso 'Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo'… lo versionamos en un 'Dadme un cuento y crearé un mundo'.

Cada vez se perfilaba más la idea del cuento como herramienta de trabajo bien para formar parte de un espectáculo o para fomentar la creatividad. Ya llevábamos bastantes años en ese deambular cuando nos surgió la posibilidad de trabajar/colaborar con la Fundación Botín en su proyecto de Educación Responsable. El Mundo del Mago de las Palabras nos pareció genial. Un Mago que amaba los cuentos, que los conocía, que sabía en qué momento usar el cuento adecuado… vimos que el personaje nos podía encajar como un guante o al menos eso deseábamos y nos pusimos manos a la obra.

Desarrollamos al Mago tal y como nos gustaría que fuera, pequeño, entrañable, distraído, sensible y sabio a su manera. Rodeado de objetos que siempre nos recordaran a libros, textos, cuentos y lectura. Que habitara en una casa pequeña por fuera pero infinita por dentro… como la mayoría de nosotros (y aquí os incluyo a vosotros también). Y mientras preparábamos el envoltorio, el personaje fue cogiendo dimensión interna, era como si creciera y a la vez crecíamos nosotros.

Cuentos y más cuentos pasaron por nuestras manos, deseando ser pellizcados. Y ¡Vaya si lo fuimos! Un amplio abanico de emociones se desplegó ante nosotros. Y así descubrimos el verdadero poder de los cuentos como herramienta de trabajo. No sólo nos servían para montar espectáculos más o menos divertidos y para fomentar la creatividad en nuestros encuentros sino que los cuentos se posicionaban como una herramienta perfecta para la investigación emocional. Encontrábamos pequeñas historias que trataban todos los temas... ¡Todos!... Desde la mera rabieta, a la vergüenza, la alegría, la pérdida, la amistad los miedos, la muerte, etc, etc, etc... incluso la incontinencia, verbal y de la otra... Ante cualquier situación se podía encontrar un cuento que tratara ese tema.
Por tanto ya tan sólo quedaba ponerlo sobre el tapete.

Al principio, en las dinámicas de grupo, nos costó no adelantarnos a la investigación planteada y preguntábamos por ejemplo: ¿Por qué estaba triste el protagonista? Pero pronto nos dimos cuenta que era mejor dejarles hablar y traspasarles la investigación a los alumnos, para que ellos mismos, llegarán a sus propias conclusiones... El debate estaba servido. Ni qué decir tengo que muchas veces veían cosas que nosotros ni tan siquiera intuíamos.
Por todo esto defenderé ante cualquiera, la función del cuento como herramienta de trabajo, por su importancia como base para un espectáculo dinámico, como potenciador de la creatividad y como método para investigar las emociones...

O simplemente como entretenimiento para los más pequeños... y para los más 'talluditos', también.

Áureo Gómez, Ñ Teatro

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